El amor exige una respuesta de amor

By adal on mayo 27th, 2012

El amor exige una respuesta de amor

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Yo me entrego a Cristo hoy

Juan 21:15-19

Oración introductoria:

Señor, yo creo en ti y todo lo que ha revelado para nuestra salvación. Espero en ti por tu misericordia desbordante. Cada acto de los suyos en esta tierra ha demostrado su amor por nosotros. Su ascensión a los cielos ante los ojos de los Apóstoles inspira mi esperanza de algún día unirse allí. Te amo y te deseo de ser el centro de mi vida.

Petición:

Señor, ayúdame a responder con amor a su amor que se entrega.

1. “Do You Love Me?”

En el momento en que Cristo ha estado preparando desde su resurrección ha llegado. Él es el único con Pedro. Su último encuentro antes de la muerte de Jesús fue esa triste ocasión cuando Cristo miró a Pedro, perdonar a él después de su triple negación. Ahora bien, Cristo toma a Pedro, un poco apartado de los demás y le da la oportunidad para afirmar un compromiso triple de su amor. El uno, condición suprema de Cristo, para renovar la comisión de Pedro de apacentar a sus ovejas es el amor de Pedro a su Maestro. El amor es la única, suprema condición para cada uno de nosotros que aspira a ser un apóstol. El amor de Pedro ha sido purificada por su traición a Cristo durante la Pasión: Se ha castigado y humillado. Ahora bien, Pedro confía todo – incluso su amor – en las manos de Cristo: “Sí, Señor, tú sabes que Te amo.” ¿Mis fracasos me permitirá amar más a Cristo, con mayor confianza?

2. “Puede mandar el amor?”

El Papa Benedicto XVI plantea una pregunta provocativa en su primera Est encíclica, Deus Caritas (Dios es amor). ¿Cómo se puede exigir amor de Cristo a nosotros para que podamos ser sus seguidores, sus apóstoles? Aclara el Papa Benedicto XVI, “El amor no se puede mandar, sino que es en última instancia, la sensación de que es o existe o no, ni puede ser producido por la voluntad” (n. 16). La respuesta a este dilema aparente es doble. En primer lugar, el amor puede ser mandado porque antes es dado. “Dios no nos impone un sentimiento que nosotros mismos somos incapaces de producir. Él nos ama, nos hace ver y experimentar su amor, y puesto que él ha ‘nos ha amado primero, el amor puede nacer también como una respuesta dentro de nosotros “(n. 17). En segundo lugar, “se muestra también claramente que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Un sentimiento puede ser una maravillosa chispa inicial, pero no es la plenitud del amor »(n. 17).

3. “El amor en su forma más radical”

Entonces, ¿cuál es la esencia del amor, ese amor que Cristo dio por primera vez para nosotros y que a su vez exige de nosotros como sus seguidores? “Es característico de un amor maduro que pone en juego todas las potencialidades del hombre, sino que involucra a todo el hombre, por así decirlo. Póngase en contacto con las manifestaciones visibles del amor de Dios puede suscitar en nosotros un sentimiento de alegría, que nace de la experiencia de ser amados. Pero dicho encuentro implica también nuestra voluntad y nuestro entendimiento. El reconocimiento del Dios viviente es una vía hacia el amor, y el “sí” de nuestra voluntad a la suya une a nuestra inteligencia, voluntad y sentimiento en el acto único del amor “(Deus caritas est, n. 17). Como el Papa Juan Pablo el Grande ha enunciado tantas veces, el verdadero amor es el don de uno mismo entero.

Conversación con Cristo:

Gracias, Señor, por haberme ayudado a ver,

a través del Papa Juan Pablo el Grande y el Papa Benedicto XVI,

el significado del amor auténtico.

Gracias por su amor sin límites para mí.

Tu amor es la norma a la que mi pobre amor propio debe aumentar.

Amor eterno de Dios

By adal on mayo 27th, 2012

Amor eterno de Dios

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Voy a dejar que alguien sepa que Dios los ama

Juan 17:20-26

Oración introductoria:

Señor, yo creo en ti y todo lo que ha revelado para nuestra salvación. Espero en ti por tu misericordia desbordante. Cada acto de los suyos en esta tierra ha demostrado su amor por nosotros. Su ascensión a los cielos ante los ojos de los Apóstoles inspira mi esperanza de algún día unirse allí. Te amo y te deseo de ser el centro de mi vida.

Petición:

Señor, aumenta mi fe en tu amor.

1. ¿Quién es Dios?

En su primera epístola, Juan nos dice que Dios es amor. Antes de la fundación del mundo, el Padre ama al Hijo. Dentro de la Trinidad no es un intercambio perfecto de la vida y el amor. Incluso después de la Encarnación, Jesús se quedó en el amor de su Padre. En el bautismo de Cristo, el Padre habló de su amor por su Hijo. “Este es mi hijo amado” (Mateo 3:17). En la Transfiguración, repitió este signo de amor: “Este es mi hijo amado en quien me complazco, escuchadle” (Mateo 17:5). Estos momentos se manifiestan la vida íntima de Dios.

2. Una parte en su vida:

Dios nos creó para compartir en la relación amorosa de la Trinidad. El plan del Padre es que nos aman, nos pondrán en el amor trinitario. Él quiere el amor en su Hijo con el amor eterno del Padre. Si pudiéramos echar un vistazo a la mera de la realidad de este amor, sería transformar nuestras vidas. Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo unigénito al mundo (ver Juan 3:16). El amor está en el centro del universo.

3. La participación en el Amor de Dios:

Dios es amor, y si él está en nosotros, es como el amor. Dios derrama su amor, él mismo, en nuestros corazones. A medida que comparte su vida, comparte su amor. Este es el amor que él nos quiere dar a los demás. Jesús dio a sus discípulos el amor que había recibido de su Padre, y los mandó a continuar su trabajo de compartir ese amor con toda la humanidad. Piense en la gente de hoy que se sienten solos y perdidos, hambrientos de amor y atención. Ellos no tienen idea de que Dios los ama con un amor eterno o que él los ha amado íntimamente, profundamente y perfectamente desde toda la eternidad. Ellos no saben que este amor les ha dado la vida y los mantiene en la existencia. La gente necesita escuchar las buenas nuevas del amor de Dios. Esta es nuestra misión.

Conversación con Cristo:

Jesús, ayúdame a compartir su amor con los que me rodean.

No me permite seguir centrados sólo para mí en la

y las circunstancias de mi vida. Te necesito.

Necesito tu amor, al igual que tantos otros.

Tengo que amar para entregarme a su trabajo,

pero también necesito su ayuda y apoyo constantes.

Con María…esperado Pentecostés

By adal on mayo 26th, 2012

Con María…esperado Pentecostés

¿Cómo reconoceré la Espíritu Santo, Señora? Porque Él te dará la fuerza que necesites para cumplir la Voluntad de Dios.

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Aquí te espero, Señora mía, en este punto de mi vida y unos días antes de Pentecostés para que tú, Madre querida, me enseñes, me expliques, me acompañes a recibir al que nos ha prometido Jesús…

Quiero encontrarte hoy Señora, mas, ¿dónde te busco?… mi alma comienza a susurrarte amorosamente un Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo… Sí, Madre, el Señor es contigo y eres llena de gracia… llena de gracia, esa gracia que enamora al mismo Dios, y ha sido sembrada en tu alma por el Espíritu Santo… tú le conoces bien, Señora, háblanos de El…

Y mi corazón te busca, y tú, siempre atenta, te llegas a mi alma y a mis sueños y me cuentas… me enseñas… me amas…

- Hija querida, para que tu corazón entienda lo que significa albergar al Espíritu Santo, lo primero y mas necesario es que sea un corazón de puertas abiertas… un corazón que espera, un corazón que confía mas allá de los límites, un corazón que pide a Jesús a cada instante “Señor, aumenta mi fe”…

- Es bien cierto Señora, tú has hallado gracia delante de Dios por tu oración silenciosa, perseverante, confiadísima, y por tus virtudes, delicadamente sembradas en el alma de quien debía recibir al Salvador del mundo, y aceptadas por ti con alegría, y vividas con fe, no como carga u obligación, sino como signo de amor… Señora, tú conoces bien al Espíritu… no en vano la Iglesia nos dice que eres su fiel esposa…

- Así es hija, el Espíritu llego a mí el día de la Encarnación como propuesta de amor… Y me inundó el alma… mi vida no fue la misma a partir de aquel día, es que las personas ya no son las mismas luego que El entra en sus almas…

- ¿Cómo es esto, Señora? ¿Cómo sabemos que El ha llegado a nuestra alma?, lo sabemos por fe, sí, que lo hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación, pero… ¿como nos damos cuenta en nuestra vida diaria, en la rutina, de que nos estamos dejando guiar por El o si hacemos oídos sordos a sus consejos, a las santas inclinaciones que sugiere a nuestra alma?

- No eres la primera que me hace esta pregunta… Hace ya tiempo me la hizo Tomas… sí, Tomas, el Mellizo, el Apóstol, el que no había creído cuando Jesús se presentó a sus compañeros…, pero ven, vamos a Jerusalén, así lo ves por ti misma…

Mi corazón cierra los ojos al mundo y te sigue, es una sensación hermosa, seguirte, adondequiera que vayas, seguirte, no hay camino más hermoso, María, no hay camino mas seguro…

Jerusalén se presenta ante nuestros ojos quieto y sin ruido, apenas está por salir el sol, uno que otro habitante va saliendo a sus diarias tareas, entramos las dos a la ciudad sin ser vistas… Llegamos a una construcción de dos plantas, que en nada se diferenciaba del resto de las viviendas… Allí se reunían los Apóstoles y algunas mujeres… Quizás era la misma casa en que se celebró la Ultima Cena, pero no quise preguntar…, era demasiado fuerte toda la situación, preferí seguirte sin preguntas…

Entraste, delicadamente, como entras en las almas de los que te aman, te sigo…, era el día de Pentecostés, la fiesta de la cosecha, la plenitud y la abundancia, habían transcurrido 50 días desde el Domingo de Pascua…, los Apóstoles estaban ya reunidos en oración en el piso superior…Te dedicaste a prepararles unos alimentos, te ayudé en lo poco que yo sabía, en realidad, solo atinaba a mirarte, extasiada… Cuando todo estuvo listo, subiste a alimentar a tus amigos, a tus hijos… y recordé como alimentas a todos tus hijos, proporcionando a tus devotos todo lo necesario para el cuerpo y el alma…

Los hombres habían hecho un alto en la oración y agradecieron tu gesto maternal… Cuando bajaste, noté que te seguía Tomas, el Mellizo… el hombre estaba un poco turbado y sus ojos denotaban una gran preocupación…

Señora mía- te dijo, y su voz rebosaba de amor y respeto- necesito preguntaros algo…

Dime hijo, te escucho…

Señora, bien sabes lo que me ha sucedido con el Maestro, cuando me negué a creer en su Resurrección… cuando se presentó ante mí yo me sentí avergonzado a causa de mi incredulidad y lo que más me dolió fue la expresión de sus ojos cuando me dijo “En adelante no seas incrédulo sino hombre de fe”… su mirada reflejaba dolor por mi falta de fe… Señora, no quiero fallarle de nuevo al Maestro, Él nos dijo que nos enviaría el Paráclito, el Espíritu Santo y yo… yo tengo miedo de no reconocerlo… tu sabes, Madre…

Madre… la palabra revoloteaba en el aire y lo perfumaba, sí Madre, Madre nuestra, Madre de la Iglesia, Madre que escucha y aconseja, Madre que calma y consuela… Madre

Tomas, hijo, no temas…-contestó la llena de gracia- no temas… tu corazón debe tener abierta sus puertas al amor de Dios, confiar… Él conoce tus debilidades, pero también conoce tu amor… solo pide, hijo mío, solo pide a Dios luz para el alma, luz para tu corazón, y el Espíritu te dará todo lo que pides y más, mucho más…

¿Cómo lo reconoceré, Señora?

Porque El te dará la fuerza que necesites para cumplir la Voluntad de Dios…

¿Cómo sabré que es lo que Dios espera de mí?

Hijo, lo que Dios espera de ti es que ames como Jesús te ama… el amor, además de mandamiento es camino, y es mandamiento porque es camino… ama, hijo, pero ama como Jesús te ama, con esa intensidad…. No esperes realizar grandes milagros u obras para sentir que estás cumpliendo la voluntad de Dios…. Se puede cumplir la voluntad del Padre en las cosas más sencillas, y se puede desobedecer al Padre también en las cosas más sencillas… La madre, cumple la voluntad de Dios amando, cuidando, alimentando a sus hijos, siendo su amiga y serena consejera…. El padre, cumple la voluntad de Dios protegiendo a su familia, velando por su unidad, siendo faro en las tormentas del alma, llevando calma y paz… un trabajador cumple la voluntad de Dios siendo fiel en su labor, respetando a los demás, buscando siempre la paz…

Tomas te miró con rostro aliviado, te abrazó con infinita ternura y vi como gruesas lágrimas surcaban el rostro del hombre… qué hermosa imagen me regalabas al corazón, Madre querida, un hombre que se abraza a ti y puede llorar… toda la angustia del alma, se transforma en lágrimas y caen sobre tu manto… Y retornan al hombre hechas consejo y camino…

Subimos nuevamente al piso superior, y Pedro comenzó nuevamente las oraciones… De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa, y aparecieron unas lenguas, como de fuego, que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos… Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran…

Los hombres estaban entre maravillados y emocionados, y comenzó a escucharse el griterío de la gente que había llegado atraída por el ruido del viento y se agolpaba fuera de la casa… Los Apóstoles bajaron y se acercaron a las personas que allí estaban y comenzaron a proclamar las maravillas de Dios en distintos idiomas, así, cada uno de los presentes les escuchaba en su propia lengua nativa…

Tan opuesta esta escena a la de la Torre de Babel, donde el orgullo de los hombres provocó el nacimiento de las distintas lenguas y no podían entenderse… aquí, gracias al Espíritu, las diferentes lenguas no eran obstáculo para el mensaje, sino canal por el que llegar a todo hombre…

Tú, Señora mía, te quedaste arriba… yo te pregunté, tímidamente…

¿Y ahora, Madre?

Pues, acabas de presenciar el nacimiento de la Iglesia… Una Iglesia que proclama el amor de Dios en toda lengua y a toda cultura… Una Iglesia de puertas abiertas y corazón orante… una Iglesia que es cuerpo de Cristo… y, como todo cuerpo, tiene muchos miembros…

Explícame esto, Señora…

Hija, todos acaban de ser bautizados en el único Espíritu, y así lo serán los que vayan creyendo el mensaje de Jesús… pero cada uno tiene un lugar dentro del cuerpo Místico de Cristo… para que entiendas… un cuerpo no es solo ojos, o manos, o pies, eso no seria un cuerpo, un cuerpo esta formado por muchos miembros, unos mas notables, otros menos notables, pero todos igualmente necesarios y dignos… algunas personas piensan que porque no es evidente en ellos alguna habilidad especial, no pueden encontrar la voluntad de Dios para ellos, nada más lejos de la realidad… mira, no se trata de las cosas que se hacen, sino del amor con que se hacen…. Tiene mas mérito a los ojos de Dios una mamá que sirve un plato de arroz a sus hijos con infinito amor en la intimidad del hogar, que una persona que alimenta a diez solo para que los demás vean su generosidad…, no se trata de las escalas del mundo sino de las escalas de Dios ¿puedes entenderlo? Todos los bautizados han recibido un don especial del Espíritu Santo… Encontrar ese don, a veces dormido dentro del alma, es todo un esfuerzo, implica idas y venidas en el interior de uno mismo, pero luego de la búsqueda y del esfuerzo, el don despliega las alas… todas las personas son muy capaces para algo, según los dones del Espíritu, algunos serán favorecidos con el don de la sabiduría, otros de la inteligencia, otros de la fortaleza, otros del consejo, para otros habrá espíritu de ciencia y en otros de piedad, y para otros habrá un santo temor de Dios…, pero encontrar esos dones dentro del alma, supone un esfuerzo, nadie pretenda descubrirlos mágicamente… además, luego de encontrarlos hay que hacerlos dar fruto, pues recuerda lo que dijo Jesús “Al que tiene se le dará más y al no tiene, aun lo poco que posee le será quitado” se refería aquí a los dones del Espíritu…

Te acercas a mí, tu mirada me da paz, mucha paz… bajamos, la gente se agolpa a la puerta de la casa, salimos sin ser vistas… Un hombre reparó en ti y te reconoció, se acercó y te dijo…

Señora… Señora…

Me alejé para que hablaran solos… Cuando te retiraste, el hombre tenía la mirada como iluminada, y una sonrisa llena de paz… Los primeros devotos tuyos, Señora, los primeros sencillos y fieles devotos…

Volvemos juntas a mi realidad de todos los días… se acerca el domingo de Pentecostés, quiero esperarlo en oración y con las puertas de mi corazón abiertas, como tu me enseñaste… Debemos despedirnos…

-Gracias, Madre -susurra mi alma sin ganas de dejarte- gracias… cada vez que mi corazón te encuentra termina fortalecido, gracias…

- Nos vemos, querida, nos vemos en la misa de Pentecostés, te estaré esperando…

Vuelvo a mi realidad, mientras mi corazón te da el último abrazo y se despide de ti…

Tú susurras algo, que no alcanzo a escuchar… Me quedo con la duda ¿Qué dijiste María, que mi apuro no me dejó oír?… Un pensamiento me viene al corazón, quizás dijiste…”Hija, algún día comprenderás que no hay despedidas entre nosotras, que siempre estamos juntas, que siempre estoy a tu lado, aunque muchas veces, tu angustia, tu soledad, tu tristeza, no te permita verme”….

Amigo que lees estas líneas… espero que tengas un hermoso domingo de Pentecostés… que tu corazón se llene de fuerza para multiplicar los hermosos dones con que el Espíritu ha adornado tu alma…

NOTA:

“Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a la imaginación de la autora, sin intervención sobrenatural alguna.”

El discípulo amado

By adal on mayo 26th, 2012

El discípulo amado

Juan 21, 20-25. Pascua. Estar siempre cerca a Dios para poder seguirle. Ser congruente con mi fe, que mi único anhelo sea el crecer en el amor.+

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Del santo Evangelio según san Juan 21, 20-25

En aquel tiempo dijo Jesús a Pedro: Sígueme. Pedro entonces, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto quería el mismo que en la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Al verlo, Pedro dice a Jesús: Señor, y éste, ¿qué? Jesús le respondió: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: No morirá, sino: Si quiero que se quede hasta que yo venga. Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

Oración introductoria

Jesús, creo en Ti. Confío en que siendo fiel a tus inspiraciones, viviendo tu mandamiento del amor, responderé al llamado de seguirte, que hoy me haces en el Evangelio. Te ofrezco esta oración para crecer, apoyándome siempre, y en todo, en tu gracia.

Petición

Jesús, sin Ti, no puedo hacer nada. Dame la gracia de la perseverancia.

Meditación del Papa

La propuesta que Jesús hace a quienes dice ¡Sígueme! es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”; los invita a salir de la propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios, y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros”. También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Benedicto XVI, 10 de febrero de 2011.

Reflexión:

Si Jesús tuvo diferentes maneras para manifestar su amor, no cabe duda que el “tú ven y sígueme” fue una de ellas. Son palabras encantadoras y extraordinarias para quien en su interior las oye del maestro. Ahora que las escuchamos, ¿por qué no le miramos también? ¿acaso no amó al joven rico cuando fijó en él su mirada, y le dijo: “vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y luego ven y sígueme”? Unas palabras y una mirada de Jesús expresan el profundo amor del Señor a quien invita a seguirlo. Por ello, tan solo debería bastarnos con este hecho a cada uno de los cristianos, para ir donde Él nos quiera invitar.

“Tú, sígueme” implica que le tendremos cada día muy cercano en la oración. Oración que alimentará nuestra sed de eternidad con su presencia en la Eucaristía. Que nos sorprenderá cuando, sumergidos y abatidos en nuestro cansancio y fatiga, nos dirá: “ánimo, yo he vencido al mundo”. Y así, dándonos su mano, nos conducirá para que de nuestros labios sólo brote una oración: “Señor nunca permitas que me separe de ti”.

Propósito

Hoy me olvidaré un poco de mí mismo para sólo buscar hacer felices a quienes me rodean.

Diálogo con Cristo

Jesús, ¿mi vida comunica a los demás que estás vivo? Ayúdame a ser congruente con mi fe, que mi único anhelo sea el crecer en el amor a Ti y a los demás. Hazme un cristiano auténtico, porque sólo los cristianos verdaderos pueden ofrecer un testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio y de la verdad de la Iglesia.

La oración sacerdotal de Jesús

By adal on mayo 26th, 2012

La oración sacerdotal de Jesús

Voy a hablar con el Espíritu Santo durante todo el día

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Juan 17:1-11a

Oración introductoria:

Señor, yo creo en ti y todo lo que ha revelado para nuestra salvación. Espero en ti por tu misericordia desbordante. Cada acto de los suyos en esta tierra ha demostrado su amor por nosotros. Su ascensión a los cielos ante los ojos de los Apóstoles inspira mi esperanza de algún día unirse allí. Te amo y te deseo de ser el centro de mi vida.

Petición:

Señor, ayúdame a crecer en mi amor por el Padre y por las almas.

1. Un legado de la Oración:

La hora suprema de Jesús ha llegado. Como anticipa su agonía de amor que se entrega al Cristo extrema, no piensa por sí mismo. Su corazón se vuelve a su único amor, el uno para cuya gloria ha llevado a cabo todos los actos de su existencia terrena: su Padre. Pero, al mismo tiempo, que el amor invencible por su Padre abraza a todos aquellos que el Padre le ha confiado. Cristo deja a sus seguidores una herencia que seguirá siendo su mayor fuente de confianza a lo largo de los siglos: la oración sacerdotal. En este sentido, Cristo nos enseña a orar. Cristo reza para que su Padre sea glorificado por la glorificación del Hijo. ¿Qué es la gloria suprema con la que la vida del Hijo único de Dios culminará? La respuesta está en su inmolación cruenta en la cruz.

2. La Cruz es True Glory:

“‘Gloria’ La palabra se refiere al esplendor, el honor y el poder que le pertenecen a Dios” (La Biblia de Navarra:. San Juan, pág 202). ¿Cómo puede la muerte humillante de Cristo en la cruz y su abandono por parte de sus seguidores más cercanos dar honor a Dios y revela su esplendor y el poder? ¿Cómo puede la cruz de Cristo sea la gloria suprema? En primer lugar, revela un amor sin límites, un amor que no dice, “voy a ir tan lejos y no más allá.” Las palabras de Cristo: “Padre, perdónalos,” dan testimonio de un amor que es más fuerte que el pecado. La resurrección, que sigue la cruz, testimonio de un amor que es más fuerte que la muerte misma. En segundo lugar, la cruz es el cumplimiento de la misión de Cristo. Su obediencia al Padre hasta la muerte, redime a toda la humanidad. He abrazado la cruz en mi propia vida como la única forma de seguir a Cristo? Abrazando la cruz es el único camino seguro de amar a Cristo y glorificar al Padre.

3. Jesús sigue confiando en mí:

A lo largo de este pasaje del Evangelio, las palabras de Cristo resuenan con una confianza inquebrantable. A pesar de que él va a morir, abandonado por sus discípulos, en la agonía y el fracaso humillante, Cristo sigue confiando. Confía tanto en su Padre y en esos mismos discípulos que pronto lo abandonó. La confianza de nuestro Señor en nosotros como sus seguidores deben inspirar en nosotros la misma confianza inquebrantable en nuestra misión de salvar almas, para traer a otros a Cristo, y para transformar la sociedad misma. Por nosotros mismos no podemos hacer nada. Pero tenemos la seguridad de las oraciones propias de Cristo y la promesa de su Espíritu Santo. El Espíritu Santo hablará en los corazones de todos los que Cristo llama a acercarnos a él. Oremos a menudo a nuestro gran abogado: “Espíritu Santo, me inspiran lo que debo pensar, lo que debo decir, y lo que yo debo callar, para que pueda lograr el bien de todos mis hermanos y hermanas, cumplir mi misión , y hacer triunfar el reino de Cristo. ”

Conversación con Cristo:

Gracias, Señor, por amarme hasta el extremo

de morir en agonía indescriptible en la cruz.

Gracias por su don del Espíritu Santo

de modo que pueda seguir su camino de amor que se entrega.

Magdalena Sofía Barat, Santa

By adal on mayo 25th, 2012

Magdalena Sofía Barat, Santa

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Fundadora, 25 de mayo

Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús

Martirologio Romano: En París, en Francia, santa Magdalena Sofía Barat, virgen, que fundó la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús y trabajó con gran entrega por la formación cristiana de las jóvenes. († 1865)

Fecha de canonización: 24 mayo de 1925 por el Papa Pío XI.

Santa Magdalena nació el 12 de diciembre de 1779, en Joigny de Borgoña y fue fundadora de la Congregación del Sagrado Corazón. Desde niña tuvo pasión por aprender, por ello, se entregó al estudio del latín, el griego, la historia, la física y las matemáticas. También se formó intensamente en el dominio de sus emociones y la voluntad.

La Santa fue llamada por el Padre Varín, de la Compañía de Jesús, para que le ayude con su plan de reestablecer la educación en las escuelas católicas, las cuales habían sido suprimidas a causa de la Revolución Francesa. El Padre Varín, le expuso también a la Santa, el proyecto de fundar una congregación de educadoras, inspirada por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Santa Magdalena aceptó humildemente ayudar en tal misión, llena de desconfianza en sus fuerzas; “Lo acepté todo, sin comprender ni prever nada”, dijo.

El 21 de noviembre de 1800, la Santa partió a Amiens para enseñar en una escuela que fue el primer convento de la congregación. A los 23 años, siendo la más joven de su comunidad, fue nombrada para gobernar la congregación. Fundó 105 casas; muchas de ellas en Francia, Roma, Inglaterra, Austria y Suiza.

Llena de amor por la juventud, la Santa trataba de fundar en cada sitio posible, una escuela para niñas pobres y un pensionado de paga.Como no podía visitar tantas fundaciones, se mantenía en contacto a través de la innumerable cantidad de cartas que escribía. Se encargaba también de la administración de la casa madre y de atender las visitas que llegaban para pedirle consejo. En una de sus cartas escribió: ” El trabajo excesivo es un peligro para las almas imperfectas; pero las perfectas obtienen, por ese medio, una rica cosecha”.

En diciembre de 1826, el Papa León XII aprobó oficialmente la Sociedad del Sagrado Corazón. En 1864, a los 85 años de edad, la Santa pide al congreso general que se le permitiera renunciar a su cargo, pero la asamblea no permitió más que se nombrase una vicaria que le ayudase en el trabajo. El 21 de mayo de 1865, la Santa sufre de un ataque que la deja paralítica y cuatro días más tarde, en la fiesta de Asunción, muere.

Fue canonizada el 24 de mayo de 1925 por el Papa Pío XI.

Dulce huésped del alma

By adal on mayo 25th, 2012

Dulce huésped del alma

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El Espíritu Santo es el Gran Desconocido, pues si realmente lo conociéramos viviríamos con permanente paz en el alma.

Dios, Nuestro Señor, es tan amoroso con todos nosotros que nos ha dado la conciencia. Esa voz de Dios que nos habla internamente. Ahí donde nada más estás tú y Dios, ahí es donde el Espíritu Santo te hablará. Sus llamadas amorosas no son con gritos, sino con suavidad. Se necesita que haya silencio para que podamos oírlo. Pero, nuestro mundo de hoy hace tanto ruido que no nos permitimos escuchar esa voz de Dios. Dejemos que Dios nos hable. Escuchemos sus gemidos de amor por nosotros. Esforcémonos por escucharle..

Leamos la Secuencia de la Misa de Pentecostés, que nos dice:

Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el Cielo tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,

luz que penetra en las almas,

dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo, amable huésped del alma, paz en las horas de duelo.

Eres pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto.

Ven luz santificadora, y entra hasta el fondo del alma de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración divina los hombres nada podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia, calienta nuestra frialdad, endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen en ti su fe y su confianza tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno.

Esta hermosa oración ha sido rezada por la Iglesia durante cientos de años. Ahí vemos la dulzura de Dios que, por medio del Espíritu Santo, inunda a las almas. Escuchemos una y otra vez esas hermosas palabras que decimos del Espíritu Santo, ese dulce huésped de nuestra alma.

Lo nombramos Padre de los pobres, pues Él es quien se identifica con ellos, con los que más necesitan, con los que tienen hambre y sed de Dios. Por eso, Santa Teresa decía: “quien a Dios tiene, nada le falta”. Ahí estaba presente el Espíritu Santo.

Luz que penetra las almas: ¡Cuántas veces vivimos en la oscuridad del pecado, de la angustia y de la tristeza! Parece que nunca se va a hacer de día. Sin embargo, si pedimos a Dios que, por medio del Espíritu Santo nos ilumine, pronto las tinieblas de nuestro corazón se llenarán de esa luz amorosa de Dios.

Dador de todos los dones: Todos los dones que pueda recibir una persona, un alma, son originados por el Espíritu Santo quien, con el fuego de su amor, piensa personalmente en cada uno de nosotros.

Fuente de todo consuelo. ¡Cuántas veces parece que estamos inconsolables porque todo lo humano está en nuestra contra!

Dificultades con los miembros de la familia, los hijos, el cónyuge; en el trabajo, en la sociedad. Nada, parece, que nos puede consolar. Sin embargo, ahí está Dios quien, por medio del Espíritu Santo está en espera para consolarnos.

Amable huésped del alma. Sí, ese es el Espíritu Santo, ese amable, dulce y tierno visitante de nuestra alma, que habita en ella si nosotros se lo permitimos. Pero, nuestro egoísmo lo expulsa cada vez que optamos por el pecado. Dulce huésped, ¡quédate conmigo! No permitas que nada me separe de ti.

Paz en las horas de duelo. ¿Quién será quien nos levante el corazón cuando el dolor es fuerte? Ahí está el dulce huésped del alma, buscando consolar y dar paz en los momentos de duelo. Pero, ¿por qué no queremos escucharle?, ¿por qué nos hacemos sordos a su voz? Cuando el alma está atribulada, cansada, fatigada, ahí se presenta quien es pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto. ¡Sí! Ahí está el Espíritu Santo quien ha de confortar en todo momento.

Así podríamos ir hablando del Espíritu Santo, escuchando las palabras de esta oración que la Iglesia durante cientos de años ha recitado.

Sin embargo, esta maravillosa realidad del Espíritu Santo es muy poco conocida. Por algo se suele afirmar que el Espíritu Santo es el Gran Desconocido, pues si realmente lo conociéramos viviríamos con permanente paz en el alma. Dediquemos un tiempo para conversar amorosa e íntimamente con el Espíritu Santo, amable y dulce huésped del alma.

Recordemos algunas palabras que la Iglesia, por medio del Credo, nos dice sobre el Espíritu Santo. Recordemos que es el Señor y dador de vida. Por medio de Él, Dios vivifica al mundo, nos comunica la vida y lo santifica todo.

Los siete dones del Espíritu Santo son:

1. Sabiduría

2. Inteligencia

3. Consejo

4. Fortaleza

5. Ciencia

6. Piedad

7. Santo Temor de Dios

Los frutos del Espíritu Santo nos ayudan a saborear la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:

1. Caridad

2. Gozo

3. Paz

4. Paciencia

5. Generosidad

6. Bondad

7. Benignidad

8. Mansedumbre

9. Fidelidad

10. Modestia

11. Continencia

12. Castidad

El pecado mortal es el peor enemigo del Espíritu Santo, pues si lo cometemos expulsamos de nuestra alma a su dulce huésped.

No tengamos miedo de ser testigos de Dios en la sociedad, pues si contamos con el Espíritu Santo, toda dificultad será vencida, todo cansancio refrescado y cada tristeza consolada.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu Creador. Y renueva la faz de la Tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

Amén.

La triple confesión de Pedro

By adal on mayo 25th, 2012

La triple confesión de Pedro

Juan 21, 15-19. Pascua. Falló una vez y le negó y él jamás lo olvidaría. Pero después jamás abandonó al Maestro.

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Del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez:«Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez:«Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho ésto, añadió: «Sígueme».

Oración introductoria

Jesucristo, hoy me preguntas si te amo. Te respondo con todo mi corazón: ¡Sí, te amo! Quiero decírtelo no sólo con mis palabras, sino con mi vida toda: te amo, creo en Ti y en Ti confío.

Petición

Señor, acrecienta en mi alma la virtud de la fe para amarte por encima de todas las cosas y amar a mi prójimo, como a mí mismo.

Meditación del Papa

También en el ministerio de Pedro se manifiesta, por una parte, la debilidad propia del hombre, pero a la vez también la fuerza de Dios: el Señor manifiesta su fuerza precisamente en la debilidad de los hombres, demostrando que él es quien construye su Iglesia mediante hombres débiles. (…) La tercera referencia al Primado se encuentra en el evangelio de san Juan. El Señor ha resucitado y, como Resucitado, encomienda a Pedro su rebaño. También aquí se compenetran mutuamente la cruz y la resurrección. Jesús predice a Pedro que su camino se dirigirá hacia la cruz. En esta basílica, erigida sobre la tumba de Pedro, una tumba de pobres, vemos que el Señor precisamente así, a través de la cruz, vence siempre. No ejerce su poder como suele hacerse en este mundo. Es el poder del bien, de la verdad y del amor, que es más fuerte que la muerte. Sí, como vemos, su promesa es verdadera: los poderes de la muerte, las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia que él ha edificado sobre Pedro y que él, precisamente de este modo, sigue edificando personalmente. Benedicto XVI, 29 de junio de 2006.

Reflexión

Una flor puede perder sus pétalos por dos razones. La primera, más natural: el cambio de estación. La segunda, por intervención de un sujeto enamorado: extracción sentimental y monótona de las partes de la corola. Para muchos resultará algo cursi y anacrónico, pero para otros tiene su encanto.

Hay una prueba para saber con certeza cómo va el amor: las obras. “Obras son amores y no buenas razones”. Quieres, amas, por lo tanto actúas.

Tus obras son las que dan peso y veracidad a tus palabras.

San Pedro fue un gran amante de Nuestro Señor. Falló una vez y le negó, todos lo sabemos y él jamás lo olvidaría. Pero después de ese suceso penoso hizo su fuerte resolución de jamás abandonar al Maestro. Jesús no duda del amor de su “Roca”, pero le hace un triple examen para poderle repetir tres veces cómo quiere él que le demuestre su afecto. “Me amas. Apacienta mis ovejas”.

Muchas formas ingeniosas podemos idear para manifestar nuestro amor, pero siempre será mucho más acertada aquella que nuestra persona amada nos ha confiado que le gusta más. Desde entonces San Pedro tuvo muy claro que amar a su grey -todos los cristianos- era lo mismo que amar a su Maestro, y que si quería darle su vida debía darla a sus ovejas. Lo importante siempre es hacer lo que Dios quiere y como Él lo quiere.

Propósito

Hacer una visita a Cristo Eucaristía para pedirle perdón por todas mis faltas de amor hacia Él..

Diálogo con Cristo

Jesús, decirte cuánto te quiero con palabras es fácil, lo complicado es demostrártelo permanente en mi quehacer diario. Te ofrezco ser fiel a la oración, a la formación, al apostolado. Con tu gracia, lo puedo lograr.

El viernes de la séptima semana de Pascua

By adal on mayo 25th, 2012

El viernes de la séptima semana de Pascua

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San Juan 21:15-19.

Hechos de los Apóstoles 25:13 b-21.

Cuando unos pocos días habían pasado, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea, en una visita a Festus.

Desde que pasó varios días allí, Festo que se refiere el caso de Pablo al rey, diciendo: “Hay aquí un hombre que queda en custodia por Félix.

Cuando estaba en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los Judios presentó cargos contra él y le pidió su condena.

Yo les contesté que no era la práctica los romanos entregar a un acusado antes de que se ha enfrentado a sus acusadores, y tuvo la oportunidad de defenderse en contra de su cargo.

Así que cuando (ellos) se reunieron aquí, no hice ningún retraso, al día siguiente me senté en el tribunal y ordenó al hombre que se llevó pulg

Sus acusadores lo rodearon, pero no acusarlo de alguno de los delitos que se sospecha.

En su lugar, tuvimos algunos problemas con él sobre su propia religión y sobre un tal Jesús que había muerto, pero que Pablo afirmaba estaba vivo.

Desde que estaba en una pérdida de la forma de investigar esta polémica, le pregunté si estaban dispuestos a ir a Jerusalén y allí ser juzgado por estos cargos.

Y cuando Pablo pide que se celebrará en la custodia de la decisión del Emperador, me ordenó que lo llevó a cabo hasta que yo pudiera enviar a César. ”

Salmos 103 (102) :1-2 .11-12.19-20 ab.

Bendice al Señor, alma mía,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice al Señor, alma mía,

y no olvides ninguno de sus beneficios.

Porque como los cielos sobre la tierra,

así que superar es su bondad para con los que le temen.

Como dista el oriente del occidente,

hasta el momento tiene que poner de nosotros nuestras rebeliones.

El Señor ha establecido su trono en el cielo,

y su reino domina sobre todos.

Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles todos,

que poderoso en fortaleza, que ejecutan sus órdenes.

Santo Evangelio de Jesucristo según San Juan 21:15-19.

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le dijo: “Sí, Señor, tú sabes que Te amo.” Él le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Él entonces le dijo por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le dijo: “Sí, Señor, tú sabes que Te amo.” Él le dijo: “Apacienta mis ovejas.”

Le dijo la tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro se entristeció de que le había dicho por tercera vez, “¿Me amas?” y él le dijo: “Señor, tú lo sabes todo;. sabes que Te amo” (Jesús) le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Verdad, en verdad os digo, cuando eras más joven, que usó para vestirse e ir a donde querías, pero cuando seas viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde usted No quiero ir. ”

Dijo que esto indicaba la clase de muerte había de glorificar a Dios. Y cuando hubo dicho esto, le dijo: “Sígueme”.

María Auxiliadora

By adal on mayo 24th, 2012

María Auxiliadora

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Advocación de la Santísima Virgen

Historia de la devoción a María Auxiliadora en la Iglesia Antigua.

Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra “Boetéia”, que significa “La que trae auxilios venidos del cielo”. Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama “Auxilio potentísimo” de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: “La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto”. San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen “Auxiliadora de los que sufren” y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la “Auxiliadora de los enfermos” se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo.

El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María “Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles” e insiste en que recemos para que Ella sea también “Auxiliadora de los que gobiernan” y así cumplamos lo que dijo Cristo: “Dad al gobernante lo que es del gobernante” y lo que dijo Jeremías: “Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien”. En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: “María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo”. San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: “María Auxiliadora rogad por nosotros”. Y repite: “La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte”.

San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: “Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda”.

La batalla de Lepanto.

En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego – de manera admirable – el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario.

En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

El Papa y Napoleón.

El siglo pasado sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: “Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica”. Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: “Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados”, vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.

San Juan Bosco y María Auxiliadora.

El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera “ciencia y paciencia”, porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.

Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: “Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”. Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.

San Juan Bosco decía: “Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros” y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”. El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.